Cuento de Navidad

—El Joni es el típico pavo que la lía parda allí donde va.

—Pero ¿por qué, qué hacía papá?

—Pues eso… que la lía parda, que es un fuera de serie, que la “saca del estadio”, como dicen los colombianos.

—¿La qué…?

—La saca del estadio… la pelota, como en el beisbol, ¡un home run!

—Ah, jaja… vale. Pues cuéntame alguna de vuestras aventuras en Colombia.

—Hace ya mucho tiempo que volví…

—¡Venga papá…!

—Vale, vale… ¿te conté la del Río Táchira, en la frontera con Venezuela?

—¡No! ¡Cuenta!

—Imagínate a ese madrileñito de mi quinta, renacentista afrancesado, un artista del escapismo, arquitecto de hermosos planos y planes imposibles, pelucón de rizos indómitos y manos de pianista noctámbulo… mente rápida como una ballesta y voz desgastada como un arcabuz. Creo que si no hubiese sido arquitecto, habría sido boxeador irlandés o amante de Ava Gardner… o…

—¡Papi!

Sí… pues por aquel entonces, los dos vivíamos en Bogotá y como todos los años, teníamos que volver a casa por Navidad, como el turrón. Yo, lo tenía todo listo: visado y billete. Y Joni… ni lo uno ni lo otro.

De la cocina, tronó una voz, que se mezclaba con el aroma de puchero casero:

—¡Mi amor! Hazme un favor: vete poniendo la mesa para la cena de esta noche. Somos cinco… mis padres, el niño, tú y yo.

—¡Mamá espera! Que papi me está contando una historia.

—Sí cariño… ahora la pongo. Carlitos me ayuda.

—No te olvides de las velas navideñas, ¿vale?

—Síiiii… tranquila.

 

—¿Érais ilegales papá?

—Bueno… más o menos. Yo andaba con visados extraños, mientras que a Joni, el suyo de turista se le caducó. Y decidió arreglarlo por la vía rápida.

—¿Pagando?

—No, qué va. Eligió la forma más temeraria: salir por carretera hasta Cúcuta, la pequeña ciudad frontera con Venezuela, para luego cruzar a San Antonio de Táchira, el pueblo venezolano más corrupto donde todo se consigue con plata o con plomo.

—¿Pero Venezuela no era un país bolivariano cuando tú viviste allá?

—Claro: bolivariano, quebrado, corrupto, peligroso… un imán para alguien como Joni.

—¿Y qué pasó?

—¡Y qué NO pasó! Después de diez horas en coche desde Bogotá, Joni se aseguró de tener en regla: cédula de extranjería, pasaporte, billetes pequeños para tabaco y lo que fuera… todo bien metidito en su riñonera secreta. Allí conoció a su “conseguidor”, Don Pedro, un funcionario afable y curtido en mil historias fronterizas que, por un precio fijo, se encargaría de todo el trámite; no sólo el qué, sino el cómo: los pasos a seguir, lo que no decir, lo que coimear…

—¿Qué es coimear?

—Pagar sobornos. En aquella época era la grasa con lo que mejor funcionaba Venezuela. Pues eso, que Don Pedro le dio el OK para cruzar, tramitar su visado en un pispás y volver por donde había entrado más legal que nunca. Dicho y hecho! El Joni se subió a una buseta, atravesó la frontera y pisó la tan temida República Bolivariana por primera vez en su vida…

—¡Mi amooorr! ¿Está la mesa lista? ¡Mis padres están al caer!

—Sí cariño, estamos en ello… venga hijo, la pala del pescado a la derecha del cuchillo.

 

—¿Y qué pasó entonces papá?

—Pues que el quilombo se desató: todos sabíamos que ese mismo día, Venezuela estaba celebrando elecciones presidenciales, que las espadas estaban en alto entre Maduro y la oposición y… pues había mucha tensión, la verdad. Lo que no nos imaginábamos es que, en ese mismísimo día, Maduro se atrevería a cerrar la frontera entre los dos países.

—¿En serio? ¿Pero y eso se puede hacer?

—¡Obvio! La guardia bolivariana cerró la frontera a cal y canto, dejando a Joni con lo puesto. Imagínatelo… tirado en Venezuela, con sus documentos en manos de la poli más corrupta… Durante tres días y tres noches, esperó, esperó y esperó, durmiendo en la mismísima oficina de aduanas, sufriendo al detestable agente de visados, que cada día le repetía la misma cantinela:

—Señor, qué pena con usted; señor, ¿usted quién se cree? señor, no se altere; señor, ahora estamos cerrados; señor, no se apoye en mi mesa; señor, me da igual cómo sea en España…

Imagínate el infierno, Carlitos. Sin ropa para mudarse, tratando de sudar lo menos posible en un pueblo mugriento donde los niños aprenden a sudar antes que a hablar; sin batería en el móvil… Cuando por fin consiguió el tan ansiado visado, le birló al agente un enorme cenicero de piedra con la cara de Chaves que el tipo tenía sobre su mesa… ¡jajaja! Pagaría por haberlo podido ver en directo, por un agujerito.

—Y entonces, ¿volvió a Colombia?

—¡Qué va! Lo mejor estaba por empezar. La frontera estaba cerrada, así que desde el otro lado, Don Pedro le recomendó cruzar el río Táchira antes del amanecer, un pedregal de cantos rodados y aguas arcillosas que, desde primera hora, exponía a cuanto pasara por ahí. Era una mina de oro para los traficantes de personas, que hacían su agosto pasando gente de un lado a otro, antes de que el ejército ocupara sus puestos y lo hiciera todo más difícil aun. Y en ambas orillas… selva. Selvas de bacrim, bandas criminales y nubes de mosquitos. Pero como a Joni no lo frena nadie, agarró su puñado de dólares, su iphone sin cobertura y empezó a buscar a algún canalla que lo cruzara del otro lado…

—¡Riiiiiiiiiiinnnngg! Mi amoooooorr… llaman a la puerta, ve a abrir. Deben ser mis padres.

—¡Papi, termina la historia!

—Espera hijo, voy a abrir a tus abuelos.

 

Con la botella de tempranillo a medio descorchar en una mano, abrí sin dilación la puerta con la otra y frente a mí, en vez de los suegros de toda la vida, me di de bruces con esa inconfundible silueta de renacentista afrancesado y pelucón de rizos indómitos, recortando la tenue luz del descansillo:

—¡Charlie! ¡Feliz Navidad! ¡Dame un abrazo tío!

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De oros y de mujeres

¿Por qué elegiste Colombia? -Por sus mujeres.

¿Pero por qué viniste? -Por el oro.

¿Y qué encontraste? -La morriña.

-Y entonces ahora, ¿qué es lo que más quieres, español enigmático?

-Quiero a los cerdos… los cerdos ibéricos que trotan… allí, allí… los maravillosos cochinos!

Haiku baudelairiano de un viajante español.

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The Thin Black Line: a Tale from Spain

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The Sockless Generation

What does it mean when a Western country suffers from a nerve-wrecking 26% unemployment rate? Is the Spanish society about to implode? What is the truth (or the many truths) behind a figure that should put every Spanish politician of the last quarter century to shame? 

Spain, a country of extremes, a land mired with either gorgeous or painful stereotypes, a crossroad of Mediterranean merchant routes, Andalusian latifundios and Northern bastions of industrial elites… is still trying to recover from, probably, the worst crisis since its 1939 Civil War. Undoubtedly, the post-war decades were second to none in terms of scarcity, soaring inflation, Basque terrorism and political turmoil.

The 2007-201(?) financial crush, however, has dealt a mortal blow to many institutions which both insiders and the public opinion believed untouchable: the monarchy, the political parties, the election system, the press, the “cajas de ahorros” (saving banks), the welfare state, lifelong home ownership… as battered dykes, they all have failed to contain the inconvenient tsunami of truth.

The fragile coastal developments of sunnier times, dangerously raised with a mix of debt, a massive influx of foreign workforce and the shameful collusion of politicians and moneymen alike has collapsed, tragically, upon the shocked faces of a middle-class society, blind to what they wrongly believed were minor cracks on a euro-charged economy.  We weren’t the only ones dancing drunk to the trashy disco beat: the 700,000-plus Brit diaspora had to suffer a similar hangover when they saw their property investments plummet. The Fiesta is Over, proclaimed the FT, unapologetically.

At the shout of MAYDAY, foreign labor was the first to jump off the sinking boat, followed by the irredeemable bankers (saved with public money), the mighty multinationals (moved somewhere else to ever increase their earnings and minimize their tax load) and, not surprisingly, the public scoundrels aka politicians (shuffling seats but mostly remaining in their comfy places). In the meanwhile, families and SMEs struggle to remain afloat without the lavish credit and consumption of better times.

From an already high “natural” rate, unemployment spiked up to a scary 26% in just 3 years, the equivalent of a massive earthquake hitting the foundations of the Spanish society from top to bottom. More than 400,000 Spaniards have left for good (to Northern Europe and Latin America) in the search of a future by their own means. Top-school kids rot at clone-like internships while others despair sending resumes all across the country, ineffectively. Those remaining have seldom enjoyed a glimpse of a timid greenshot after 5 years of what feels like a never-ending nightmare. Image

Nevertheless, it is hard to believe that 1 in 4 Spaniards are jobless. On the one hand, there is a well-known multibillion-euro submerged economy that is helping to sustain thousands of families who struggle with the little money they get from their elderly and unemployed pensions. Politicians are well aware of this, hence their reluctance to tackle those who benefit from it. On the other hand, there is the middle class (doctors, teachers, shopkeepers, lawyers, sportsmen), loathing to pay more taxes for what they believe is a rotten system. Hence the brain drain, the gloom, the widening gap of faith in between taxpayers and pensioners, hustlers and grafters, poor and rich, the civil servants and the scoundrels.

After relishing the dazed bliss of a long-lasting midnight summer dream for way too long, Spaniards have woken up to the cold, confusing shock of today’s dreadful multilayered-nightmare: the fierce competition from emerging economies not willing to recede anytime soon; a workforce undertrained and overstretched; the realization that home prices do fall whenever they don’t go up; acknowledging that thousands of menial, repetitive jobs will disappear for good as a result of the latest improvements in computer power; the fact that long-term money allocation isn’t just a rich kid’s game, but the crucial catalyst to sustainable survival; that peasants migrate to cities for obvious reasons; and that while the Orwellian dictum “all animals are equal, but some animals are more equal than others” remains in place, the political caste will linger as a parasitic elite per secula seculorum.

In the meanwhile, those brave enough to accept that there is no free lunch for all, did try to reclaim the streets, unsuccessfully (the 15M movement became an ephemeral ray of light upon a sky of grey), the pulpits (new political parties are splitting from the two main parties, mired by unending corruption scandals) and the counters (thousands of entrepreneur-wannabes are trying it on their own). Yet, in a country were construction, consumption and tourism have been the backbone of the economy, only the latter has remained as buoyant as ever. We are still looking for a way out of the brick-and-mortar labyrinth. Image

Alas, do we want Spain to become Europe’s Florida? Will the rising North-South gap push Spain to the brink of regional fragmentation? Are Brussels and Berlin wary enough of what worrisome a plague like this means for their own raison d´être? Will our politicians live up to the already low expectations in order to lead us out of the crisis or, on the contrary, more extremist parties will end up grabbing power? Who wants the sun and the beaches and paellas when your kids cannot find a decent job? How do we imagine the 21st-century Spain to be?

Don’t let the sun catch you cryin’... Ray Charles sang beautifully. Now that we’ve painfully realized how little skin our politicians are willing to risk in the game, is time to design a new set of rules. A bottom-up approach to politics and money allocation will surely mean the end of politics and banking as we know it: enough of Madrid -and Brussels- cheerfully playing lender-of-last-resort to systemically risky banks; we must put a cap -and an empty prison cell- for regional caciques throwing good tax money after bad; it is time to open up the energy market and free ourselves from the energy oligarchy setting arbitrary moats to refrain us from creating (and selling) our own electricity; it is time for a serious debate on behemoth public universities, those anachronistic institutions that keep on socializing losses stubbornly (50% youth unemployment) and instead, prepare our kids for a brand new world.

2011-12-31 20.39.42

An indomitable entrepreneurial spirit

Tyrant: your fame is well deserved, slave. You will remove your helmet and tell me your name.

Spaniard: my name is Maximus Anonymous Meridius, commander of the Armies of the Truth, General of the Freedom Legions and loyal servant to the TRUE emperor, Myself. Father to an unemployed son, husband to a forlorn wife. And I will have my taxes back, in this life or the next. (TO BE CONTINUED…)

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UNA NUEVA ASIGNATURA PARA HARRY

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Volcker, el mago monetarista

Eran casi las dos de la tarde. Justo a tiempo para que sonase la campana de vuelta a clase. Harry entró en el aula a trompicones, unos segundos antes de que lo hiciese el profesor. Se sentó en el pupitre que diligentemente le había guardado Hermione a su lado:

 –Harry, ¡otra vez tarde! –le espetó Hermione.

-Buff, ya sabes que los martes tengo quidditch y acabo llegando apuradísimo.

-Oye- continuó Hermione: imagino que no te habrás olvidado de traer lo que nos pidió el nuevo profe para hoy…

-¡Ay! –masculló Harry entre dientes. –Ya sabía yo que se me olvidaba algo.

 -Señores… cállense.- El nuevo profesor no parecía tener ganas de guasa. –Dejen que me presente: soy su maestro de economía aplicada. Unos me conocerán como el Gigante Gentil, otros como el Mata-Inflaciones… pero prefiero presentarme por mi verdadero nombre: Paul Volcker[1].

 Los chicos escudriñaban curiosos a ese hombretón de más de dos metros de altura y voz tronante con fuerte acento alemán.

 -Sé que no esperabais una asignatura como esta, pero su querido director y amigo mío, el gran mago Dumbledore decidió cambiar el plan de estudios a última hora. Coincidí con él en la conferencia anual de magia cuántica en Jackson Hole[2], en las montañas de Wyoming. Y visto los tiempos inciertos que asolan Occidente, hemos decidido incorporar esta asignatura al plan de estudios. Así que cierren sus libros ahora mismo; no los van a necesitar. Sólo utilizaremos lo que les pedí que trajeran para hoy: una copia del historial crediticio de padre o madre.- Harry tragó saliva…

 -Les contaré una historia muy simple- continuó Volcker: -una historia con fuerte paralelismos para con nosotros los humanos. Una historia de mundos que nacen, crecen y mueren… en las frías tundras del norte. Aquella región está poblada por parientes muy cercanos a nosotros, los humanos; seres que viven en comunión con la Madre Naturaleza, disfrutando de lo que la tierra les provee.

 -Seguro que va a hablar de los Trolls…– murmuró Ron entre risas ahogadas.

 Escudriñando por unos segundos el aula de piedra ancestral y vigas nobles, libros centenarios e históricas vidrieras, Volcker clavó su mirada de cóndor en Ron y prosiguió su discurso con gesto estoico:

 -Sí, como os iba diciendo… De tanto en cuando la historia se tuerce para ellos, y acaban por ocurrirles cosas terribles y miles de ellos perecen sin que nada ni nadie pueda evitarlo.-

La clase le miraba absorta, cada vez más incapaces de entender qué tenía que ver todo aquello con economía.

 -Les hablo de los lemmings, señores. Sí, los lemmings.

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“¡Nosotros morimos, nosotros decidimos!”

 Alguna que otra risa burlona se oyó desde la esquina donde se sentaban Draco Malfoy y sus secuaces, pero Volcker los calló con su mirada penetrante.

 -Pobres lemmings. Y pobres de ustedes que actúen como ellos. Quizá y con suerte, alguno de ustedes entienda algo de lo que les voy a contar a continuación…

 Volcker prosiguió: -Tras cientos de años de abusos, disgustos, crisis y rebeliones, parecía que los lemmings habían llegado al fin de su Historia; de la pax romana, a la pax lemmus lemmus. Nunca antes su colonia había sido tan rica, una relativa paz reinaba en los cuatro confines de la tundra y el contrato social que unía a unos y a otros parecía más sólido que nunca.

 Ron miró a Harry por un segundo y los dos arquearon las cejas como reconociendo que no entendían nada de nada. Volcker, mientras, inmune a las caras de alucine de sus alumnos, continuó irremediablemente:

-Durante siglos, insisto, el lemming creció en un entorno hostil e incomprensible, lleno de imponderables a los que fue nombrando, clasificando, queriendo y evitando a base de prueba y error: águila, MAL; semillas, BIEN; acantilado, MAL; suficiente, BIEN; más, MUCHO MEJOR; frío, MAL… y así sucesivamente. Sus cerebritos tamaño guisante crecieron y se hicieron cacahuete doble, lo que les ayudó a comprender mejor el mundo que les rodeaba. Pero aún así, al mismo tiempo que la gran familia iba creciendo en complejidad, más se regodeaban de sus éxitos. Les bastó creerse superiores a la incertidumbre del futuro, delegando responsabilidades peligrosamente para que su sociedad, un día inesperado, acabase por desmoronarse inexorablemente.

 -¡JAMÁS! –tronó Volcker inmerso en su historia. -¡Jamás se puede bajar la guardia!. Tras un invierno más largo de lo normal, el permafrost había congelado muchas de las semillas del año anterior, por lo que la comida empezó a escasear de manera alarmante. El hambre se instaló en la comunidad y ante el desastre que se avecinaba, recurrieron al sacrificio supremo. Miles de ellos se congregaron en masa frente al famoso Precipicio de Taylor[3] y, a la de una, se precipitaron al vacío sin que uno sólo gritase Jerónimo[4]… Eran conscientes de que esa era la única forma de salvar a las generaciones venideras.

 -¿Y tuvieron que saltar, sin más?- dijo Ron Weasley. –Tendrá que haber alguna otra solución menos paranoica, ¿no?-

-Es verdad- respondió Volcker. -podrían haber actuado como nosotros los humanos, seres mucho más evolucionados, con el cerebro más poderoso del reino animal y dueños y señores de los recursos del planeta en el que vivimos. De un ser así, tan listos como somos, deberíamos esperar una solución más comedida y exitosa… ¿o no?

 Los alumnos dudaron unos instantes, creyendo entender que Volcker les estaba empujando hacia una trampa perfectamente camuflada.  Aún así, Ron se atrevió a contestar:

 -Supongo que sí, profesor. Nosotros estamos pasando por fases parecidas donde junto con el establecimiento de instituciones más o menos exitosas, hemos sido capaces de sacarle la mayor rentabilidad a lo que la Tierra nos brinda.-

-Bien señor Weasley. Y… ¿Qué más? ¿Cuánto le debemos a esas instituciones? ¿Por qué funcionan?-

-Mmmm… supongo que por el rédito histórico– continuó Ron confiado. -Estamos donde estamos, porque hemos sufrido siglos mejores y peores hasta llegar a lo que tenemos hoy en día. No digo que sea lo mejor, pero es que no hay otra.-

-No va usted mal encaminado señor Weasley, pero busco algo más. Estamos acostumbrados a ver la historia como algo que los poderosos nos imponen, pero… siendo nosotros tantos millones de seres con sus millones de dosis de libre albedrío, algo habremos colaborado en conseguir lo que hoy existe, ¿no creen?-

 La clase en este momento estaba perdida. Volcker disfrutaba satisfecho con el murmullo que invadía el aula, a sabiendas de que los chavales se estrujaban el cerebro sin tener muy claro cuál era la solución del problema. Hasta que el murmullo fue roto con una nueva respuesta:

 El exceso de confianza– se escuchó tímidamente desde la bancada.

–¿Quién ha dicho eso?- rugió Volcker expectante, -venga que levante la mano y lo explique.-

Harry se ajustó las gafas, se levantó decidido y añadió:

-Lo dije yo; y a lo que me refiero es que creo que hay una confianza excesiva de unos con otros. Aparentemente, las sociedades acaban tejiendo millones de relaciones de todo tipo que, si las examinamos más en detalle, se podrían cortar con el pelo del bigote de un lemming.-

 La clase estalló en una risotada generalizada. Harry hizo una mueca mezcla de condescendencia con la clase y cierto temor a tropezar delante del nuevo e imponente profesor.

 -Eureka- añadió suavemente Volcker ante el estupor de los alumnos.

–Eureka, eureka, eureka. Señor Potter, ha dado usted en el clavo. La confianza excesiva del ser humano, que yo, si me permite, optaré por llamarlo optimismo intrínseco. El hombre hace muchos años que perdió el control de su entorno, pasando a sustituir sus labores básicas de cazador-recolector por las de ciudadano en un entorno no agresivo para su supervivencia, pero sí infinitamente más complejo que lo que la naturaleza le regaló en su día.

 -Saltándonos miles de años de historia que espero ya estudiasen en otros cursos- continuó Volcker- llegamos al día de hoy donde, una vez más, la historia se repite. Y aunque podría hablarles de cientos de ejemplos de piedras en los que el hombre se ha –nos hemos- tropezado, quiero centrarme en algo más “económico”, más mundano de lo que se imaginan.-

-Así que… Señor Potter: ¿para qué cree que les he hecho traer el historial crediticio de sus padres a clase? ¿Qué tendrá eso que ver con el optimismo intrínseco?-

Harry atisbó su mesa vacía, volvió la mirada hacia el gran profesor… y se estremeció. (CONTINUARÁ…).

(Artículo publicado en la Revista Bamboo, verano 2012-13. Argentina)


[1] Casualidad o no, el nombre de este gran catedrático de economía coincide con el del más famoso presidente de la Reserva Federal americana. ¿Casualidad?

[2] El mismo balneario donde, cada año, se reúnen los presidentes de todas las reservas federales gringas y sus invitados internacionales. Pura casualidad, de nuevo…

[3] bautizado así en honor al ilustre mago de política monetaria que estableció un ratio muy coherente de tipos de interés e inflación. Artes oscuras, sin duda

[4] el apache con más nueces al norte de Río Grande. Un torero

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LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE SER ESPAÑOL

Papá Estado NO es tu madre

“Honor a aquellos que en sus vidas custodian y defienden las Termópilas. Sin apartarse nunca del deber; justos y rectos en sus actos… Y más honor aún les es debido a quienes prevén (y muchos prevén) que Efialtes aparecerá finalmente y pasarán los Persas”. Constatino Kavafis

Este post es para los españoles jodidos por la crisis. A los del jamoncito en la maleta por el mundo y para los viejitos emigrantes que lloran cuando escuchan a Manolo Caracol. Para las borrachas que nunca mienten y para los niños que aún no entienden. Para los nacidos entre los paralelos 20º y 50º Norte y los primos latinoamericanos que nacen españoles porque les da la santa gana. Y sobre todo para los menores de 35 años.

¿Y quién soy yo? Un don nadie cabreado al que le duelen los 35, joder. Somos el tiempo que nos queda, porque de mi memoria me ocupo yo y de mi historia efímera, también. Mientras, estratos de historia infinita nos contemplan desde ahí abajo chavales, así que descansen los muertos en paz en su hoyo y nosotros, los vivos, vayamos al bollo…

¡Y qué bollo! Bollo con agujero negro es el que hemos montado en la cuarta economía más grande de Europa, enfrascada en un modelo de crecimiento engendrado por orcos del Averno: yo recalifico, tu construyes, él refinancia, nosotros nos endeudamos, vosotros os forráis, ellos aplauden. Ad infinitum absurdum, con innumerables personajes gongorianos:

  • Que levanten la mano los gigantes del IBEX y los enanos contratistas que hayan estrujado la teta adosada y la subvención a interés compuesto. ¿La financiación está cara ahora eeeeh? La gasolina y la luz más.
  • Que los ayuntamientos libres de pecado tiren el primer ladrillo; pero apunten a la cabeza que sus despachos son bien grandes y ya no es tan ancha Castilla. Y tiro porque me toca.
  • Que las huestes de primos, cuñadas y sobrinos inútiles que se han alistado en las cajas de ahorro dando créditos a otros tantos infelices salten al vacío, por favor: sobran lemmings y faltan zombies.
  • Que los partidos políticos y sindicatos…. pffffffff. Déjalo. Me hago la maniobra de Heimlich yo solo.

Emigrar no tiene nada de malo (ya van más de medio millón), pero que no lo tenga que hacer porque otros se afanan lo que es mío: el dinero de los impuestos de la vilipendiada clase media, exprimida con IVAs, IRPFs, IBIs, ISyDs, los Especiales y mil y una tasas que nos sangran “por el bien común”. Un bien común como la educación que nos tiene a la cola de la productividad OCDE; una Seguridad Social transformada en gorrino chillón. Matarile que el dinero no es de nadie, decía una tolai. Ay… y las pensiones. Catatonia is Spain. Esquizofrenia catatónica, como la del cochino aterrado. Todos los animales son iguales pero algunos son mas iguales que otros. Así que la máxima orwelliana anti-comunista se vuelve a repetir en la España de las Autonomías: los extremeños están hasta los webos de ser menos iguales que los navarros. ¿O es que hay 3, 4, 5Jotas en esto de ser español?

El IVA me lo quedo para mí, vale enano?

Marranos o no, somos muchos los encabronados. Y aunque invisibles para la prensa sectaria y polarizada, esta vez sabemos leer -mal que le pese a la LOGSE. Somos españoles y europeos –Jean Monnet, ruega por nosotros- y queremos serlo durante mucho tiempo. Y ahora lo que no nos sobra es tiempo. Meses antes de implotar –financieramente hablando, que no es baladí- como nación, como país, como Estado Europeo pseudo-federal y minusválidamente descentralizado, queremos respuestas. Y como aquí bien sabemos que las leyes están para culearlas y los vituperados jueces para exprimirlos, señalo al Poder Ejecutivo y al Poder Financiero en particular, como diana de mi facilísima e irremisible pregunta:

Ustedes los poderosos, ¿Qué carajo quieren de España en los próximos 20 años? Es la España más rica que la historia nos ha prestado nunca, así que ¿qué piensan regalarle a sus inocentes herederos? Mientras piensan, déjenme ayudarles con las cuentas: España ha sufrido 13 bancarrotas/reestructuraciones de deuda desde el 1800 hasta el 2008. Es decir, hemos pasado casi el 24% del tiempo en quiebra técnica (Reinhart/Rogoff). Record europeo. No está mal como lección de historia, pero yo NO me conformo con saber que ustedes pueden ser los que firmen la número 14, sabiendo que se retirarán impunes, mientras que los jóvenes se encuentran un país en cuidados intensivos.

Según Herodoto, los persas educaban a sus hijos en dos máximas: primera, nunca mentir; segunda, nunca incurrir en deudas, porque el que lo hace, acaba mintiendo. ¿Les suena? Antes se mentía a prestamistas extranjeros que acababan quebrando sin remedio. Pero ahora nos mienten a nosotros: ciudadanos de a pie, muchos de nosotros menos endeudados que nuestro propio Estado pero maniatados ante el tsunami de deuda pública (75% del PIB) que se nos viene encima. Y como no generamos lo suficiente para pagar semejante monstruo, que lo paguen… ¿¡¿mis hijos?!? Bakunin, Molotov y Ponzi a punto de levantar la cabeza.

Desenterrar antes de usar

Emperadores desnudos, reyezuelos torpones, políticos engañabobos, banqueros trileros y cortesanos villanos… No hay nada nuevo excepto lo que se ha olvidado. Y claro que la historia les absolverá, como a todos los mortales. Pero entre hoy y sus pensiones vitalicias hay una masa enfurecida que aguanta carros y carretas… hasta que dejen de hacerlo repentina y violentamente. ¿Suena a amenaza? Nah, es el estupor previo al miedo del que se sabe culpable/responsable frente a la verdad de los hechos consumados. Nuestros hijos, atenazados ante la deuda, nos preguntarán: “Tu quoque, Julius Caesar, pater mi?”

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MIS PARQUES DE LONDRES

Mapa de Londres de Jenny Sparks

 No se puede entender Londres sin sus parques, ni sus parques sin la Corona inglesa, ni la Corona inglesa sin el instintivo y primario vínculo del pueblo anglosajón con la Madre Naturaleza. Fácil es pensar que todo pueblo es producto de su entorno; y es verdad. Pero mientras otros pueblos, como sus vecinos los francos, probaron su valía amaestrando a la flora y fauna de los campos de Francia, el inglés, desconfiado por Naturaleza, libre por necesidad e introspectivo porque las lluvias lo han hecho así, optó por el juicioso disfrute de lo simple por encima de todas las cosas.

Esa simplicidad que el gran filósofo Bertrand Russell describía en su Elogio de la Pereza, lo reflejan todos y cada uno de los jardines ingleses. El inglés no quiere versaillesquear su entorno; el inglés sabe que lo que le hace inglés está ahí fuera, sin conservantes ni colorantes: campos y pastos verdes, enormes praderas de perenne hierba; malahierba que nunca es mala, sino bella; y flores de todos los colores que prendieron en esta gran isla Atlántica para brotar durante todo el año. Y árboles, cientos, miles de árboles que convierten los mansos prados y sus cielos difusos en acuarelas de Turner. Allí donde mire el inglés, el follaje es caduco y perpetuo, en su memoria y en su historia.

Así que, si bien es verdad que en todos los grandes parques de Londres abundan los homenajes, las estatuas, los recuerdos y epitafios, los londinenses no cruzan sus puertas para ver monumentos. El parque es para sentirte vivo otra vez. Para cambiar las compras en el bullicio de Harrod’s por dar de comer a los cisnes. Para entrenar tu próxima maratón o pasear a caballo. Para agarrar de la mano a tu tough cookie preferida e imaginarte un King Lear enamorado, otra vez. Para volver a echar una deliciosa pachanga de fútbol o recostarse en las alegres tumbonas rayadas girando con el sol en la cara. O para pasear a tu pitbull inglés. Y si eres previsor, podrás coincidir con los mejores acontecimientos del año: desde la ronca del gamo y la berrea del ciervo en el otoño de Richmond, a los mejores macroconciertos de la escena musical sobre los meadows de Victoria Park; o festivales como el del solsticio sueco cerca del kiosko de Peter Pan en Hyde Park, hasta torneos de cricket del más alto nivel, tal y como exige el señorío de Regent’s Park.

KEEP CALM AND CARRY ON WANDERING

De Hyde Park está –casi- todo dicho: es lo más grande, lo más realesco, lo más de lo más al servicio de su Majestad. 350 acres de verde donde más se necesitan: en el mismo corazón de la capital. Como ejemplar coto de caza real que fue, el tamaño sí que importa: tiene un gran lago (Serpentine), bosques (reducido a su mínima expresión en la zona de Meadows), residencia palaciega (Kensington Gardens – y su homónimo jardín de azotea a pocas cuadras más al sur, en Kensington) y mucho, mucho espacio abierto para el dolce far niente. Hoy en día se ha habilitado parte del Serpentine para que los bañistas disfruten de sus aguas caldosas en el Lido, mientras al otro lado de las boyas te observan patos y turistas, éstos últimos a los remos de alguno de los botecitos de alquiler del lago.

Al sur encontraréis docenas de canchas de tenis abiertas al público, cerca de la famosísima y sempiterna fuente en honor a su famosísima y sempiterna Princesa Di. La influencia Victoriana se intuye en los suntuosos diseños florales que salpican varias esquinas del parque, en claro contraste con los amplios pastos del meadow donde se dejan crecer salvajes. De ahí que, con tan variopinta flora y microentornos, otro de los pasatiempos favoritos del londinense de pies a cabeza es ver, que no tanto dejarse ver (como place a parisinos y milaneses): ver a los tuyos, observar los paisajes y pasear es lo que más nos deleita. Como regla de estilo cabría señalar que el uniforme de parque es mucho más neoyorkino y deportivo que al que estamos acostumbrados los continentales. Calces lo que calces, hoy sí te dolerán los pies porque vas a caminar por mis sueños londinenses.

Foxy afternoon

¿Y quiénes –te preguntarás- son los incondicionales del parque? Los más llamativos, los árabes. La enorme comunidad árabe de clase media que rodea al parque por el norte (Edgware Road) y sus primos millonarios del golfo que ocupan la mayoría de los hoteles más caros de Knightsbrige, Mayfair y Belgravia adoran Hyde. Parece estar hecho a su medida. Tanto ellos, como las guapas –y rubísimas- madres (inglesas, francesas y eslavas, las más populares) con sus carritos con bebé a ritmo de Jane Fonda, compiten en número con ardillas grises y palomas migratorias.  Y por supuesto, el Hyde Park no es Hyde, ni es Park sin una visita a la esquina de los oradores, donde un esperpéntico –y a veces sorprendente- grupo de acérrimos de la palabra, plantan pie en taburete, dan discursos y argumentan ad infinitum con la curiosa audiencia. Democracia y utopía servida en tacitas de té.

Los más jóvenes consideran a Green Park y St James Park casi como extensiones del gran Hyde… pero mucho más lejos de la realidad. St James es el más antiguo de todos y nada menos que tres palacios le rodean: Buckingham, St James y el viejo palacio de Westminster. Desde 1530 sirvió como pequeño campo de juegos cinegéticos para el gran monarca Enrique VIII. Sus más afamados residentes ya no son ciervos, sino pelícanos y cuervos, estos últimos mascota protegida de la mismísima reina. Tan listos como Nelson. La paz de este pequeño reposo de guerreros, sólo se ve perturbada por el estruendo y pompa con el que, de cuando en cuando, atraviesan los regimientos de la guardia montada real. Bella estampa de postal, con el respeto que aquí en Inglaterra se les guarda a sus tropas.

Green Park, igualmente, es tan real como la vida misma. Pero real de realeza. Y ahí están sus abetos, sauces, plátanos, castaños y robles centenarios para demostrarlo. Desde las faldas de la pequeña Constitution Hill, los cañones de infantería saludan a su reina por su cumpleaños cada 14 de junio.

Regent’s Park, mi parque favorito. También lo creó Enrique VIII, pero esta vez desfrondándolo de “maleza” para pagar unas deudas: el terreno se lo compró a los antiguos monasterios y con los 16.000 árboles que taló, pagó el sueldo de sus regimientos de caballería. Las guerras eran tan caras como ahora. Con el tiempo, se entregó parte de los terrenos a otras mansiones que aún perduran y de los que continúan siendo objeto de especulaciones y admiraciones: te preguntarás quiénes son los afortunados que hoy en día habitan tan dignas “residencias”. Un lujo inalcanzable para los mortales, pero tan al alcance de la vista con tan sólo pasear por el Grand Canal que rodea al parque por el norte. El plan perfecto para llegar a Regent’s, ya vengas del este o del oeste. Más adelante, un pequeño zoo –ideal para niños- y sus cuidados jardines secretos, hacen de Regent’s el plan perfecto para un domingo al sol, solos o acompañados. Los más avezados nos cogemos setas en otoño, pero esos son secretos que uno se lleva a la tumba. Como capitanear el champagne rugby bajo la lluvia. Porque el London French Rugby Club siempre gana.

Les enfants terribles de Barnes

Battersea Park es otra de sus joyas, pero de mucha más joven historia. Fueron otra vez los Victorianos quienes reconvirtieron un gran parche de marisma y crimen de la orilla sur del Támesis en un jardín de renombre. Hoy en día, es su Peace Pagoda la que más visitantes atrae. Asomándose al río y al parque, esta singular ofrenda que la Orden Japonesa Nipponzan Mayohoji construyó en 1985 hace de Battersea una de las pocas barriadas del sur del Támesis a tener en cuenta. Para los corredores avezados, este podría ser punto de partida de uno de los mejores recorridos de entrenamiento como es la ribera del río. A los tranquilos paseantes les placerá por igual. Hoy por hoy, la aristocrática orilla norte de Chelsea otea envidiosa.

Ya más a las afueras, se anteponen dos serios candidatos a megaparques extraurbanos: el Richmond Park y el Greenwich Royal Park. El primero es virgen, robinhoodesco, casi primitivo; el otro realesco, científico y barroco. En Richmond, a unos 15 kms al suroeste de Londres, conviven los grandes ciervos y gamos con árboles autóctonos de tamaño portentoso repartidos en más de 2500 acres y bajo mínima supervisión humana: visitarlo es como retroceder a los bosques primigenios de la zona. En una de sus colinas, aún quedan restos de un antiguo asentamiento prehistórico. A ser posible, evítalo los domingos de sol porque como el tráfico está permitido, se pone de bote en bote. Si te alquilas una bici –la mejor amiga del hombre urbano– lo encontrarás del tamaño perfecto para rodar, abrir el hambre y picotear en cualquiera de los pubs caseros que lo rodean.

Chocante es cruzar Londres de esquina a esquina y, al llegar a Greenwich, encontrarse con semejante exhibición de civilización: el Real Observatorio, ruinas romanas, palacios reales y jardines de escuadra y cartabón, con miles de especies de flores y setos de perfecta manicura. Medio día en cada uno de estos parques tumbarían al más dispuesto. El año pasado, nuestro buque escuela Juan Sebastián Elcano atracó a las puertas de Greenwich y nos abrió las puertas. Otro lujo más que nos brinda el Támesis.

¡PEDALEA QUE NO ES POCO!

Yo no vivía en Londres en los años previos al calentamiento global, con gasolina barata, pocos conductores y mucha lluvia. El Londres de hoy en día, por el contrario, invita desde el primer día a subirse a una bici. Ya sea por económica, ecológica, deportiva, divertida o veloz, la bici es un MUST en esta ciudad. Boris Johnson, alcalde de Londres, introdujo las que ahora se conocen como Boris Bikes el año pasado. Por un módico precio, te podrás mover a tus anchas por una ciudad que, por su tamaño, es ideal para el pedal y agotadora para el paseo. Desengánchate del cab o del Tube y ponte a pedalear sin miedo. Y no: no es peligroso circular por la izquierda; respeta las normas y avanza sin miedo (¡y con casco!). Como dice el famoso cómico liverpuliano Alexei Sayle, pasear por Londres en bicicleta con un par de pintas encima, es lo más parecido que hay a volar: ¡una experiencia milagrosa!

CALENDARIO FLORAL Y SILVESTRE

El fan del jardín inglés no debería conformarse con los grandes parques, conocidos por todos. Las perlas las encontraréis en los más de 200 jardines privados que se abren de cuando en cuando para el deleite de propios y extraños. Os recomiendo visitar la página de The National Gardens Scheme (www.ngs.org.uk) donde os explicarán fechas y lugares. Igualmente y siguiendo las estaciones, los parques harán gala de las flores de temporada; los más destacables son:

En invierno, los Royal Botanic Gardens, siempre en flor; los jardines japoneses de Battersea y el precioso jardín mozárabe en los tejados de Kensington Roof Garden, en el Royal Institute of British Architects. Coincidirá con el Nuevo Año Chino (23 de enero). Fuegos artificiales y mucha soja.

En primavera, los ya famosos “Campos de la Esperanza” de narcisos, plantados por la Fundación Marie Curie contra el cáncer, son dignos de ver. Podrás también hacer un día de campo con los niños visitando el Barnes Wetland Centre, en otro de los barrios afrancesados de Londres, Castelnau. Miles de aves migratorias y acuáticas a 10 minutos de Hammersmith. Visita también el reformado jardín italiano dentro del Hyde Park, al lado de Queensway Tube Station. Lo más parecido al Retiro de Madrid. Cabe regar semejante estación con el mejor caldo negro irlandés: St Guiness (digo St Patrick’s) sacado en procesión por miles de alegres tréboles y trébolas. Oda a la alegría de vivir irlandesa. Para los más duros, Maratón de Londres en abril. Y para los más hedonistas y epicúreos, el mercado de flores de Chelsea. Flores en tiestos y flores vestidas de Prada. Glorioso.

Los únicos dueños del bosque

En verano, aléjate un poco del húmedo bochorno londinense subiéndote a los fantásticos bosques de Hampstead Heath. Uno de los barrios más exclusivos, con enorme parque asilvestrado, donde te cruzarás con grandes árboles caídos, zorros curiosos, campos de amapolas y tres enormes balsas de aguas separadas para bañistas (ellas / ellos / ellas y ellos = mujeres musulmanas / gays / resto del mundo). La temporada la abren Wimbledon –hierba, reina de reinas- y el Hampton Court Palace celebrando el elegante festival de música de verano del mismo nombre. De postre: Gay Parade, Juegos Olímpicos, Royal Ascot y los 75 de su Majestad. ¡Hacen falta 7 vidas más!

En el otoño, los árboles son los protagonistas indiscutibles del parque inglés: enchúfate unas catiuskas sin complejos y vuelve a patear montañas de hojas multicolor como lo hacías de pequeño. Igualmente, tratad de localizar los Great Trees of London, grandes árboles elegidos por votación popular, que te dejarán boqueabierto.

DIOS ESTÁ EN LAS CASAS Y EN MI CABEZA…

…Y en los cementerios de Londres. Así canta Coldplay en su Cemeteries of London.  Cementerios de sobriedad anglicana, sencillez judía o de romántica pena católica, hacen de sus camposantos lugares de solemne e intimista paseo. 3 años separan el fotogénico Abney  Park Cemetery (en el que Amy Winehouse grabó el clip para su triste Back to black), del polvo del Cementerio Judío de Edgewarebury, cerca de Camden (en el que descansan sus cenizas). De entre los cementerios victorianos, el más famoso es el de Highgate por dos contrapuestos “residentes”, ambos alemanes: uno es Julius Beer, judío de Frankfurt que nació pobre, se hizo rico en la bolsa de Londres y dueño del The Observer. Aún así, la sociedad victoriana nunca le aceptó. Su corte de mangas final fue el mausoleo más grande y caro de la época. El otro, un “tal” Karl Marx. Los cementerios de Bromton y Kensal Green no se quedan atrás. ¿El más grande? En Islington, donde te será fácil perderte entre los muertos. Westminster Abbey y St Paul son como el selecto palco del Bernabéu: sólo entran unos pocos ilustres, como Dickens. Defoe y Blake, en cambio, optaron por los más verdes pastos de Bunhill Fields, también al norte de Londres.

Y recuerda las palabras del gran  Samuel Johnson: “when a man is tired of London, he is tired of Life; for there is in London all that Life can afford”. Keep walking Almighty!

(Artículo publicado originalmente en la Revista Traveller, enero 2012. http://www.traveler.es)

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“B” DE BASBOUSA: Un elogio a Mohamed Bouazizi

Una y treinta y siete de la mañana. Me sorprende despertarme a esta intempestiva hora cuando llevo poco más de una hora durmiendo. Todo tiene un porqué. En la oscuridad del cuarto, pienso. Imagino cosas. No son sueños, más bien ideas. Me acuerdo de las estrellas de David cosidas sobre las solapas de los judíos en la Alemania nazi. Otra imagen, la de unos bigotudas sonrisas egipcias que sostienen un cartel en el que escriben شكرا Facebook. Gracias Facebook. Más flashes. La revuelta ordenada islandesa de hace un par de años para no pagar por el abuso de sus propios bancos. Se me aparece la máscara de V, el personaje de cómic de Vendetta que se ha convertido en el nuevo rostro anónimo de nuestra generación, presente en cada protesta, en cada revuelta, en cada grito de No Más Engaños.

Sigo imaginando mientras salto de la cama con una sola idea: ESCRIBE. Teclea lo que sea que te acaba de sacar de tus sueños. Desde una cajita de música imaginada, escucho la de yo soy un moro-judío, nacido entre los cristianos… Inflación disparada del precio de los alimentos. Paro crónico en un mundo árabe aletargado durante décadas. Julian Assange, en el banquillo de los acusados, y cientos de máscaras de Vendetta en las grandes capitales del mundo. Las imágenes serpentean rápidamente por mi cabeza, mientras planto mi laptop sobre las rodillas y ávido tecleo tantas letras como banderas egipcias en la Plaza de Tahrir, en el centro del Cairo.

Imagino millones de jóvenes desilusionados, hartos de querer ser alguien en la vida y no ver nada más que un foso de arenas movedizas que les separa del sempiterno palacio de un rey desnudo. El rey de la sonrisa hierática. Sus padres ya susurraban años atrás, desde el otro lado del foso, queremos promesas, querido rey. La misma sonrisa de yeso descascarillado. Sus hermanos mayores lo repitieron. Unos con tanta fuerza que acabaron con sus huesos en una oscura prisión al otro lado del foso. Con todo, el rey, aunque más viejo, seguía sonriendo inmutable, prometiendo. Siempre prometiendo las mismas promesas vacías de otros tiempos ya olvidados.

Pero para algunos, como Mohamed Bouazizi, quedaba poco que perder. Nunca había tenido tiempo de gritarle al rey desde el otro lado de su carrito ambulante. Ya tenía bastante con lidiar con los oficiales bastardos que cada dos por tres aparecían por su placita en la pequeña ciudad de Sidi Bouzid, en el centro de Túnez, para abusar de su pequeñez. Le pedían papeles que ni tenía, ni nunca tendrá. Le robaban de lo poco que ganaba, porque así es la vida, Alhamdulillah. A él, a Basbousa -como le llamaban sus amigos y sus seis hermanos huérfanos- que desde los diez años había trabajado sin molestar a nadie; a él que ya con 26 años seguía debiendo los 200 dólares con los que había conseguido comprar su última carretilla de hortalizas… ¿A él? ¿Por qué a él?

En la mañana de un frio viernes de diciembre, los oficiales volvieron a acorralarlo con las mismas preguntas de cada semana. Cuando les contestó que ya no podía pagar más y que por supuesto nunca podría tener los papeles que le pedían, la oficial al mando, Faida Hamdi, levantó el brazo y lo abofeteó frente al resto de vendedores, le escupió en la cara y después de insultarle, le requisó sus pertenencias.

¿ אלוהים שלי, אלוהים שלי, למה עזבתני? Como dijo un famosísimo judío hace 2000 años, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?  No sólo Dios, sino su Gobernador local al que fue a ver y que por supuesto no le recibió. Con el alma hecha jirones y una hora no más después de que abusasen de él, Basbousa se roció de gasolina y ardió hasta morir. El final de su triste historia… no tiene final. Es un precioso comienzo en el que millones de árabes han prendido su hartazgo con la misma gasolina de Basbousa y la fiesta no ha hecho más que empezar.

Pero, ¿seguro que ha sido él quien me ha despertado en mitad de la noche? Venga Carlos, vuelve atrás. Piensa en todos esos flashes, esas ideas del principio. Piensa joder, piensa. Pero si sigo pensando, canturreo a la Bersuit, Es importante: pa’que el fuego no se muera, sacar el diablo afuera, aconsejo este ritual. Con otra geta, exorcizar el maleficio y sacarle un beneficio a esta desgracia universal…

No pienses tanto Carlos. HAZ. Te has despertado porque con todas esas ideas se puede hacer algo, no sólo pensar y escribir y contarle al mundo lo bueno que eres. La mamá de Basbousa, entrevistada horas después de la muerte de su hijo, aseguraba entre sollozos que su hijo no se había quitado la vida por ser pobre –ya que siempre lo habían sido y sabía que era casi imposible salir de esa trinchera- sino porque le humillaron. Horas antes de morir, era un humilde vendedor con una deuda y una carretilla llena de verduras; pero a la vez le salvaba su incomprensible dignidad de hombre libre, responsable de sus pequeñísimos actos y dueño de sus irrisorias pertenencias. Sin ese pequeño tesoro, a Basbousa ya no le paraba ni un ejército. Sólo su sacrificio, como grito impotente del desposeído al que no le queda nada más que su último soplo incendiario de vida, valdría para algo. Rock the kashbah, Mohamed!

Me arde la sangre cuando leo sobre él y cuando pienso en todas las injusticias del mundo. Pero también he visto cómo esta revolución no ha sido televisada, sino posteada en Facebook y twitteada por millones de anónimos ciudadanos internautas. Los medios tradicionales venían detrás. Y las armas mucho más, si cabe. Salvo unos días a pedrada limpia –que sano ejercicio el de lanzar piedras con todas tus ganas- el ejército ha hecho de lubricante pacificador. Bien, ¿y ahora qué entonces? ¿Qué más Carlos? Me encantaría ser programador de aplicaciones. Cuando salté de la cama me acordé de esa sociedad alemana que, obnubilada por su fanático líder, señalaba con el dedo acusador a los que hasta entonces habían sido sus vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Juden. Marcados como ganado y a los campos de concentración. Qué fácil sería desarrollar una pequeña aplicación –una app– con la que acusar a los “malos”: a los políticos corruptos, a los banqueros estafadores, a los abusadores de menores… pero como la envidia del hombre no tiene límite, pronto apuntaríamos nuestro ratón para clickear sobre los que nos molestan, a los que nos desagradan, a los que despreciamos, a los distintos. Los malos y yo. Así hasta que otro me señalase a mí y ya sería demasiado tarde para frenar la rueda del odio.

Pero no; quiero diseñar la app opuesta: la app que cuide de tus tres conocidos más necesitados. Tres personas que hayan perdido la dignidad, el trabajo, una pierna o a su novia. Pero tres. Nada más –y nada menos- que tres seres queridos, tres con nombre y apellidos a los que quieras sinceramente ayudar. Si Facebook es capaz de ayudar a un país a acabar con el status quo indeseable… ¿cómo no va a ser capaz de ayudarme a ayudar a los míos? Mi app es consciente de que el internauta peca de dos cosas: síndrome de déficit de atención y una muy desalineada concepción de lo que queremos hacer, y de lo que estamos dispuestos a hacer. Por eso es importante limitarlo a tres personas y que sus necesidades sean fáciles de describir, como por ejemplo haber perdido el trabajo, o necesitar recapitalizar una pequeña deuda para mantener una pequeña empresa a flote. Tus contactos podrán ver de qué se trata –sin ver los nombres, o tal vez sí- y así ponerse manos a la obra para tratar de resolver el problema. Aquellas personas capaces de resolver el problema de alguna persona necesitada, empezará a ganar puntos como “ángeles de la guardia”. Suena un poco artificial, pero ya encontraré la manera de recompensar a esos “conseguidores”. A partir de ahí, podremos incluir otra persona más a ayudar y la rueda se pondrá en movimiento.

Son las 4 y media de la mañana, sin sueño y con la mente a cien. Tengo algunos contactos aquí en Londres y en América a los que proponer mi nueva app. Pero no quiero ningún beneficio. Será una aplicación gratuita. Y por supuesto, la llamaré Basbousa.

Gracias amigo tunecino. Mientras amanece, soñaré contigo. Descansa en paz Basbousa.

(Artículo publicado originalmente en el #4 de la Revista Bamboo. Argentina, marzo 2011).

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