ARCHIPIÉLAGO IDENTIDAD

ON. Lunes por la mañana en la ciudad. También es lunes para Lucas Torres de Castro, un banquero sin par. Enciende el ordenador. Doble-click en el icono de Outlook. Treinta y tres años muy bien llevados. 59 emails. Casa cara y coche alemán y vacaciones alpinas y trader en una mesa de operaciones con divisas; el pack completo. Lee los encabezados por encima, distraído, rememorando los últimos informes internos del banco. Perspectiva negativa para la deuda española. Recesión latente en los periféricos europeos. Un inesperado email retiene su mirada por un largo segundo, una fracción más de la cuenta: DPTO DE RRHH. INMINENTE RECORTE DE PLANTILLA. -Imposible, a mí no-, reniega Lucas como un juez de silla en Wimbledon. Sigue leyendo. Estimado tú: estás despedido. Libere su cubículo y preséntese en la quinta planta en los próximos 15 minutos para cerrar su contrato y garantizar la diligencia del proceso. No trate de contactar con su jefe directo. Un saludo, la dirección de RRHH. OFF.

Vacío. Pitido en los oídos. Lucas vuelve a mirar la pantalla, absorto en el vacío. No quiere leer lo que pone… pero lo ha entendido. La boca como una alpargata. Mira por encima de sus cuatro pantallas y no hay nada inquietante que rebele la venida de un Mesías. ¿Por dónde truena el galope tendido de los Cuatro Jinetes? El Apocalipsis parece que hoy se sirve en dosis individuales. Estás tú sólo. Lo siente, inconsciente. Por un momento duda si llamar a alguien… -pero si lo hago, ¿qué les digo?- se pregunta estupefacto: parado. Desempleado. Antihéroe. Fracasado. Suenan mal. Loser. Fatal. Se deja vaciar, lentamente. Recoge su insulsa bisutería de oficina, ocho firmas con el boli corporativo y ya está. Lucas está fuera.

(…)

Han pasado otros ocho meses desde entonces. Tras docenas de intentos en balde, Lucas sabe que tendrá que reordenar su curriculum por enésima vez. Todos los que envió con formato Comic Sans e interlineado a 1,5 parecen no haber servido de nada. Lamentablemente, los arreglos superficiales no cambiarán la perspectiva que ELLOS tienen de ÉL. Inexorablemente, es hora de que Lucas se vuelva armadillo, enroscándose en torno a su ombligo para así buscar en su interior.

-¿Quién soy? Soy español, pero… ¿de qué me vale?- Como el yo, la identidad nacional se define mejor en relación con los otros, en vez de por la proyección de las preocupaciones del presente sobre el pasado, decía el ensayista Edwin Williamson.Así que soy español porque mis vecinos también lo son– murmura Lucas. Y porque sé que mis padres nacieron sobre este parche de tierra. Está claro que hay algo que nos une. Muera la tribu, para que nazca una nación, proclamaba Samora Machel en el nacimiento de un Mozambique libre. Ay, qué diferente ese nacionalismo originario, fundacional, post bellum civille africano, frente a la desgastada, sigloveintista, desfasadamente Kitchneriana proclama-soflama Malvinista. Claude Lévi-Strauss, el tótem de la antropología, recordaba haber conocido una época dónde la identidad nacional era el único principio concebible de relación entre Estados: ya sabemos los desastres que de ello resultaron- palabras de sabio, a sus 96 años. Lucas duda por un momento: Si la abuela nació en Biarritz y estudié dos años en Londres y ahora vivo en un apartamento a pagar en veinte años y mis ahorros están en un banco nacionalizado, ¿cuánto de español tengo?-

Vuelta al curriculum. –Fui a un colegio religioso, aunque hace años que no practico-. Lucas sabe lo que eso le marcó. Al igual que el sociólogo norteamericano Thorstein Veblen argumentó que la preeminencia de los judíos en la cultura occidental se debía no a una superioridad innata sino al hecho de que podían actuar dentro de esa cultura sin sentirse limitado por ninguna devoción en especial, Borges sostenía que “los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en una situación análoga; podemos manejar todos los temas europeos (…) sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas”. Es decir, canibalizando otras culturas –como ya hicieron los tropicalistas Caetano Veloso o Gilberto Gil– Lucas podrá ser más, no menos.

Mientras rebusca en los cajones de su identidad individual, el todo se desfigura.
Toca rellenar el campo de idiomas. El español es mi lengua materna. Y también hablo inglés fluido. El gigante ibero Fernando Pessoa decía eso de “a língua é minha pátria”. Y Lucas se crió hablando español. Se asoma a la ventana y abarca su patria: Madrid, la España inclemente, siempre cabreada y, porqué no… ¡tanta América! Sus piernas sureñas arribando en su dulce y estrecha cintura centroamericana, que diría Neruda. Y aún es más: aunque Lucas no se sepa el God Save the Queen de memoria, el inglés sudado y memorizado a lo largo de años le despliega millas de alfombra roja para tapizar la enorme Commonwealth. Su curriculum se va perfilando, imparable.

-Tengo doce años de experiencia. He trabajado en una empresa y dos bancos- continúa Lucas. –Pero, ¿vale de algo con un 22% de paro?. Bertrand Russell, ayúdame. ¿Qué es para ti el trabajo?- Existen dos tipos de trabajo: el primero, el que altera la posición de la materia sobre o cerca de la superficie terrestre en relación a otra materia; el segundo es decirle a otros que lo hagan. El primero suele ser desagradable y mal pagado; el segundo, agradable y bien pagado. Irremediablemente, los inicios de Lucas fueron del primer tipo; hasta conseguir otro del segundo tipo. Es lógico que se confiara cuando pasó de crear a dar órdenes. Porque mandar y estar bien pagado es siempre agradable. Pero él quiere volver a crear. Hacer como que haces es el opio del pueblo. Toca reinventarse.

La familia. ¿Quién era yo? ¿Un progresista laico? Tal vez. Un liberal, sea lo que sea que eso significa últimamente; quizás. Pero básicamente –al final de un arco iris deshecho, al final del día, al final del imperio- no era más que el hijo de mis padres. Palabras de Gary Shteyngart, uno de los mejores novelistas norteamericanos de la actualidad, gran imitador del armadillo: del ombligo al útero materno. Lucas se acecha a sí mismo. Nunca lo olvides, pregonaba Tyler Durden: no sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo. Y el hijo de tus padres; que quede claro.

Para algunos, continuaba Lévi-Strauss, la crisis de identidad será el nuevo mal del siglo. Cuando las costumbres seculares se colapsen, cuando los géneros de vida desaparezcan, cuando las viejas solidaridades se desmoronen, es probable que se produzca una crisis de identidad. La misma que tortura a Lucas en estos momentos. Quizá, de los grandes dramas contemporáneos que vemos, no haya uno sólo que no tenga su origen directo o indirecto en la dificultad creciente de vivir con los demás.

Vivir con los demás. Más del 50% de los humanos somos urbanitas. Y en Occidente, una gran parte viven solos. Vivir por los demás: Lucas tiene su curriculum en Linkedin. Las fotos de su vida en Facebook. Dice lo que piensa en Twitter. Su nombre sale en Google. Teleconferencias vía Skype. Vivir y los demás. Sus 7 horas de sueño, sus 17 despierto y sus 12 horas conectado al mundo virtual. Lucas a un lado de las pantallas PC-IPad-Blackberry; los demás, al otro lado. Vivir para los demás. -Si ya no hay tribu, ¿para quién vivo? ¿Qué es lo que me identifica ahora? ¿Estamos más solos que nunca?– Lucas se estremece.

Amanece en el Brave New World huxleyano, ese mundo virtual sin fronteras, donde se teclea en inglés, donde no hay pasaportes, el acceso es gratuito, donde dan igual sexo, raza, edad y religión. No hay horarios; la red funciona 24/7/365. La interacción física con otros ser humanos ya no se lleva, como vaticinó Mafalda hace décadas: Amo la Humanidad; lo que me revienta es la gente. Gente que le revienta otra gente. Su gente. La gente de enfrente en la que Lucas ya ni siquiera ve reflejada su identidad. –¿Me debo a mi nación? ¿Me debo a mi patria, a mis vecinos, a mi trabajo, a mi familia, a mi pareja, a mis acreedores? ¿Quiénes son ellos? ¿Y yo?

Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. La búsqueda romántica del genio Cortázar, que Lucas la sufre a su manera: tecleábamos buscándonos, pero sabiendo que navegábamos para nunca encontrarnos. Implacable e invisible, el tempus fugit para todos, lo suficiente para que Lucas caiga derrotado. Lucas ya no es quien fue, resquebrajado hombre sin identidad al que los suyos ya ni reconocen. Mientras, un caritativo sustento del gobierno sustituye al regato seco en que se convirtieron sus ahorros. La vida de éxito funambulista inextricablemente cimentada en deudas, se hizo escombros, desexponencialmente. Los meses han pasado en balde, agotándole hasta la extenuación. Su novia no aguantó el desmoronamiento, la cara de perro día sí, día también; y se felizmentecasó; el coche de importación lo vendió y ahora el autobús es su tumba al aire libre, pecera rodante de pobres almas ilusas. Durante esos mismos años en los que él intentaba acceder a la vida sin éxito, las sociedades occidentales resbalaban hacia una zona oscura. En aquel verano (…) ya era evidente que todo aquello iba a acabar muy mal. La violencia física, la manifestación más perfecta de la individuación, iba a reaparecer en Occidente a consecuencia del deseo. Me ayuda a terminar estas líneas Houellebecq. Michel, qué Sartriano eres. Qué francés. Qué jodido pesimista. Y qué bien escribes. Lucas tío, estoy harto de ti. Se acabó. Eres historia. Bang. Kaput.

(…)

Como escritor por encargo, qué fácil es empujar a tus personajes ficticios al vacío. Les metes el dedo en el ojo y no chistan. Les lanzas bajo las ruedas de un camión y casi hasta que sonríen lastimeramente mientras su esqueleto cruje a ritmo de Tom Waitts. Pobre ficción. Aguanta medianías de toda suerte y condición. Los que escribimos somos gilipollas, a veces, por no ilusionar a los lectores. Quiero volver a ilusionaros como yo lo hice cuando me leí Un Capitán de Quince Años, de Julio Verne. Que los treintaytantos sean los nuevos quince. Llenos de sueños imposibles. Y Paz Dubarry, amiga y madre de esta historia, me lo pide. Venga, saca a Lucky Lucas de debajo del camión y ponlo en su sueño. Vamos.

Lucas agarró su mochila viajera y embarcó para la isla sur de Nueva Zelanda, hasta aterrizar en Invercargill, a las puertas de los grandes bosques de Fiorland. Siempre quiso ser leñador, y ahí encontró lo que buscaba. En la tradición de los buenos aizkolaris vascos, dominó el uso del hacha vizcaína, lo que le hizo ganarse un buen sustento. Enganchó una mestiza rural, mitad samoana, mitad compota europea celta y no la soltó, como a su hacha favorita. Selina, que así se llama la niña kiwi, le dio dos preciosos niños a Lucas. Abrazando a su hombre, le habla asomándose al Pacífico Sur; mientras, Lucas le escucha ensimismado a 4 años y miles de kilómetros cúbicos de agua salada de una vida pasada: Love, el tiempo se me escapa todos los días. A veces lo uso bien, muchas otras veces lo pierdo. Las hormonas consumen mi energía y la culpa también. Cuando puedo soy la mejor madre del planeta. Las más de las veces sólo intento descubrir cómo darles amor a mi manera. Pero siento siempre que fallo y no me asusta. La falla es ahora parte de mi existencia y me libera. Ya no quiero ser perfecta. No creo que exista una mujer que lo logre sin perder en algún terreno una meta.

La historia está llegando a su fin y me creo más a Selina que a los veinte ilustres citados. La narrativa camufla mi propia identidad entre los libros de mi biblioteca-panteón. –¿Qué quieres entonces, Selina?– le pregunta Lucas. Enroscadas a su piel de lienzo polinesio y pecas galesas como las velas de las canoa maoríes que empujaron a sus ascendientes a llegar al fin del mundo, sus melenas ondulantes vaticinan nuevos vientos. Selina duda. Se muerde los labios secos. Titubeante, con los ojos afilados de tanto otear el océano, le dice a Lucas: sueño con un día poder vivir en la vapuleada y calurosa y mil veces narrada vieja España.

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About untiroalaire

A caravanserai, or khan, or fondouk, was a roadside inn where travelers could rest and recover from the day's journey. Caravanserais supported the flow of commerce, information, and people across the network of trade routes covering Asia, North Africa, and South-Eastern Europe, especially along the Silk Road.
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6 Responses to ARCHIPIÉLAGO IDENTIDAD

  1. Jay Aven says:

    Qué grande eres, caravenserai. Verdadero centro de conocimiento para reposar la mente…

  2. Hanuka says:

    Ya era hora Brigante!. Esa pluma de tinta Made In China no podia quedarse en tu Camisa Guayabera llena de manchas de tierra de medio mundo.
    Te has tenido que ir a Colombia para empezar con el primer capítulo, nunca es tarde si la chicha es buena.

    Supporting the flow

    Respect!

    Hanuka

  3. cormaquinho says:

    Lucas me recuerda de una persona que nos conocemos, es yo? o otro pobre baquero sin trabajo, tan especialista en cosas de trading que es junior en otra industrias? Draghi hazlo algo pfv
    … Cormaquinho

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