MIS PARQUES DE LONDRES

Mapa de Londres de Jenny Sparks

 No se puede entender Londres sin sus parques, ni sus parques sin la Corona inglesa, ni la Corona inglesa sin el instintivo y primario vínculo del pueblo anglosajón con la Madre Naturaleza. Fácil es pensar que todo pueblo es producto de su entorno; y es verdad. Pero mientras otros pueblos, como sus vecinos los francos, probaron su valía amaestrando a la flora y fauna de los campos de Francia, el inglés, desconfiado por Naturaleza, libre por necesidad e introspectivo porque las lluvias lo han hecho así, optó por el juicioso disfrute de lo simple por encima de todas las cosas.

Esa simplicidad que el gran filósofo Bertrand Russell describía en su Elogio de la Pereza, lo reflejan todos y cada uno de los jardines ingleses. El inglés no quiere versaillesquear su entorno; el inglés sabe que lo que le hace inglés está ahí fuera, sin conservantes ni colorantes: campos y pastos verdes, enormes praderas de perenne hierba; malahierba que nunca es mala, sino bella; y flores de todos los colores que prendieron en esta gran isla Atlántica para brotar durante todo el año. Y árboles, cientos, miles de árboles que convierten los mansos prados y sus cielos difusos en acuarelas de Turner. Allí donde mire el inglés, el follaje es caduco y perpetuo, en su memoria y en su historia.

Así que, si bien es verdad que en todos los grandes parques de Londres abundan los homenajes, las estatuas, los recuerdos y epitafios, los londinenses no cruzan sus puertas para ver monumentos. El parque es para sentirte vivo otra vez. Para cambiar las compras en el bullicio de Harrod’s por dar de comer a los cisnes. Para entrenar tu próxima maratón o pasear a caballo. Para agarrar de la mano a tu tough cookie preferida e imaginarte un King Lear enamorado, otra vez. Para volver a echar una deliciosa pachanga de fútbol o recostarse en las alegres tumbonas rayadas girando con el sol en la cara. O para pasear a tu pitbull inglés. Y si eres previsor, podrás coincidir con los mejores acontecimientos del año: desde la ronca del gamo y la berrea del ciervo en el otoño de Richmond, a los mejores macroconciertos de la escena musical sobre los meadows de Victoria Park; o festivales como el del solsticio sueco cerca del kiosko de Peter Pan en Hyde Park, hasta torneos de cricket del más alto nivel, tal y como exige el señorío de Regent’s Park.

KEEP CALM AND CARRY ON WANDERING

De Hyde Park está –casi- todo dicho: es lo más grande, lo más realesco, lo más de lo más al servicio de su Majestad. 350 acres de verde donde más se necesitan: en el mismo corazón de la capital. Como ejemplar coto de caza real que fue, el tamaño sí que importa: tiene un gran lago (Serpentine), bosques (reducido a su mínima expresión en la zona de Meadows), residencia palaciega (Kensington Gardens – y su homónimo jardín de azotea a pocas cuadras más al sur, en Kensington) y mucho, mucho espacio abierto para el dolce far niente. Hoy en día se ha habilitado parte del Serpentine para que los bañistas disfruten de sus aguas caldosas en el Lido, mientras al otro lado de las boyas te observan patos y turistas, éstos últimos a los remos de alguno de los botecitos de alquiler del lago.

Al sur encontraréis docenas de canchas de tenis abiertas al público, cerca de la famosísima y sempiterna fuente en honor a su famosísima y sempiterna Princesa Di. La influencia Victoriana se intuye en los suntuosos diseños florales que salpican varias esquinas del parque, en claro contraste con los amplios pastos del meadow donde se dejan crecer salvajes. De ahí que, con tan variopinta flora y microentornos, otro de los pasatiempos favoritos del londinense de pies a cabeza es ver, que no tanto dejarse ver (como place a parisinos y milaneses): ver a los tuyos, observar los paisajes y pasear es lo que más nos deleita. Como regla de estilo cabría señalar que el uniforme de parque es mucho más neoyorkino y deportivo que al que estamos acostumbrados los continentales. Calces lo que calces, hoy sí te dolerán los pies porque vas a caminar por mis sueños londinenses.

Foxy afternoon

¿Y quiénes –te preguntarás- son los incondicionales del parque? Los más llamativos, los árabes. La enorme comunidad árabe de clase media que rodea al parque por el norte (Edgware Road) y sus primos millonarios del golfo que ocupan la mayoría de los hoteles más caros de Knightsbrige, Mayfair y Belgravia adoran Hyde. Parece estar hecho a su medida. Tanto ellos, como las guapas –y rubísimas- madres (inglesas, francesas y eslavas, las más populares) con sus carritos con bebé a ritmo de Jane Fonda, compiten en número con ardillas grises y palomas migratorias.  Y por supuesto, el Hyde Park no es Hyde, ni es Park sin una visita a la esquina de los oradores, donde un esperpéntico –y a veces sorprendente- grupo de acérrimos de la palabra, plantan pie en taburete, dan discursos y argumentan ad infinitum con la curiosa audiencia. Democracia y utopía servida en tacitas de té.

Los más jóvenes consideran a Green Park y St James Park casi como extensiones del gran Hyde… pero mucho más lejos de la realidad. St James es el más antiguo de todos y nada menos que tres palacios le rodean: Buckingham, St James y el viejo palacio de Westminster. Desde 1530 sirvió como pequeño campo de juegos cinegéticos para el gran monarca Enrique VIII. Sus más afamados residentes ya no son ciervos, sino pelícanos y cuervos, estos últimos mascota protegida de la mismísima reina. Tan listos como Nelson. La paz de este pequeño reposo de guerreros, sólo se ve perturbada por el estruendo y pompa con el que, de cuando en cuando, atraviesan los regimientos de la guardia montada real. Bella estampa de postal, con el respeto que aquí en Inglaterra se les guarda a sus tropas.

Green Park, igualmente, es tan real como la vida misma. Pero real de realeza. Y ahí están sus abetos, sauces, plátanos, castaños y robles centenarios para demostrarlo. Desde las faldas de la pequeña Constitution Hill, los cañones de infantería saludan a su reina por su cumpleaños cada 14 de junio.

Regent’s Park, mi parque favorito. También lo creó Enrique VIII, pero esta vez desfrondándolo de “maleza” para pagar unas deudas: el terreno se lo compró a los antiguos monasterios y con los 16.000 árboles que taló, pagó el sueldo de sus regimientos de caballería. Las guerras eran tan caras como ahora. Con el tiempo, se entregó parte de los terrenos a otras mansiones que aún perduran y de los que continúan siendo objeto de especulaciones y admiraciones: te preguntarás quiénes son los afortunados que hoy en día habitan tan dignas “residencias”. Un lujo inalcanzable para los mortales, pero tan al alcance de la vista con tan sólo pasear por el Grand Canal que rodea al parque por el norte. El plan perfecto para llegar a Regent’s, ya vengas del este o del oeste. Más adelante, un pequeño zoo –ideal para niños- y sus cuidados jardines secretos, hacen de Regent’s el plan perfecto para un domingo al sol, solos o acompañados. Los más avezados nos cogemos setas en otoño, pero esos son secretos que uno se lleva a la tumba. Como capitanear el champagne rugby bajo la lluvia. Porque el London French Rugby Club siempre gana.

Les enfants terribles de Barnes

Battersea Park es otra de sus joyas, pero de mucha más joven historia. Fueron otra vez los Victorianos quienes reconvirtieron un gran parche de marisma y crimen de la orilla sur del Támesis en un jardín de renombre. Hoy en día, es su Peace Pagoda la que más visitantes atrae. Asomándose al río y al parque, esta singular ofrenda que la Orden Japonesa Nipponzan Mayohoji construyó en 1985 hace de Battersea una de las pocas barriadas del sur del Támesis a tener en cuenta. Para los corredores avezados, este podría ser punto de partida de uno de los mejores recorridos de entrenamiento como es la ribera del río. A los tranquilos paseantes les placerá por igual. Hoy por hoy, la aristocrática orilla norte de Chelsea otea envidiosa.

Ya más a las afueras, se anteponen dos serios candidatos a megaparques extraurbanos: el Richmond Park y el Greenwich Royal Park. El primero es virgen, robinhoodesco, casi primitivo; el otro realesco, científico y barroco. En Richmond, a unos 15 kms al suroeste de Londres, conviven los grandes ciervos y gamos con árboles autóctonos de tamaño portentoso repartidos en más de 2500 acres y bajo mínima supervisión humana: visitarlo es como retroceder a los bosques primigenios de la zona. En una de sus colinas, aún quedan restos de un antiguo asentamiento prehistórico. A ser posible, evítalo los domingos de sol porque como el tráfico está permitido, se pone de bote en bote. Si te alquilas una bici –la mejor amiga del hombre urbano– lo encontrarás del tamaño perfecto para rodar, abrir el hambre y picotear en cualquiera de los pubs caseros que lo rodean.

Chocante es cruzar Londres de esquina a esquina y, al llegar a Greenwich, encontrarse con semejante exhibición de civilización: el Real Observatorio, ruinas romanas, palacios reales y jardines de escuadra y cartabón, con miles de especies de flores y setos de perfecta manicura. Medio día en cada uno de estos parques tumbarían al más dispuesto. El año pasado, nuestro buque escuela Juan Sebastián Elcano atracó a las puertas de Greenwich y nos abrió las puertas. Otro lujo más que nos brinda el Támesis.

¡PEDALEA QUE NO ES POCO!

Yo no vivía en Londres en los años previos al calentamiento global, con gasolina barata, pocos conductores y mucha lluvia. El Londres de hoy en día, por el contrario, invita desde el primer día a subirse a una bici. Ya sea por económica, ecológica, deportiva, divertida o veloz, la bici es un MUST en esta ciudad. Boris Johnson, alcalde de Londres, introdujo las que ahora se conocen como Boris Bikes el año pasado. Por un módico precio, te podrás mover a tus anchas por una ciudad que, por su tamaño, es ideal para el pedal y agotadora para el paseo. Desengánchate del cab o del Tube y ponte a pedalear sin miedo. Y no: no es peligroso circular por la izquierda; respeta las normas y avanza sin miedo (¡y con casco!). Como dice el famoso cómico liverpuliano Alexei Sayle, pasear por Londres en bicicleta con un par de pintas encima, es lo más parecido que hay a volar: ¡una experiencia milagrosa!

CALENDARIO FLORAL Y SILVESTRE

El fan del jardín inglés no debería conformarse con los grandes parques, conocidos por todos. Las perlas las encontraréis en los más de 200 jardines privados que se abren de cuando en cuando para el deleite de propios y extraños. Os recomiendo visitar la página de The National Gardens Scheme (www.ngs.org.uk) donde os explicarán fechas y lugares. Igualmente y siguiendo las estaciones, los parques harán gala de las flores de temporada; los más destacables son:

En invierno, los Royal Botanic Gardens, siempre en flor; los jardines japoneses de Battersea y el precioso jardín mozárabe en los tejados de Kensington Roof Garden, en el Royal Institute of British Architects. Coincidirá con el Nuevo Año Chino (23 de enero). Fuegos artificiales y mucha soja.

En primavera, los ya famosos “Campos de la Esperanza” de narcisos, plantados por la Fundación Marie Curie contra el cáncer, son dignos de ver. Podrás también hacer un día de campo con los niños visitando el Barnes Wetland Centre, en otro de los barrios afrancesados de Londres, Castelnau. Miles de aves migratorias y acuáticas a 10 minutos de Hammersmith. Visita también el reformado jardín italiano dentro del Hyde Park, al lado de Queensway Tube Station. Lo más parecido al Retiro de Madrid. Cabe regar semejante estación con el mejor caldo negro irlandés: St Guiness (digo St Patrick’s) sacado en procesión por miles de alegres tréboles y trébolas. Oda a la alegría de vivir irlandesa. Para los más duros, Maratón de Londres en abril. Y para los más hedonistas y epicúreos, el mercado de flores de Chelsea. Flores en tiestos y flores vestidas de Prada. Glorioso.

Los únicos dueños del bosque

En verano, aléjate un poco del húmedo bochorno londinense subiéndote a los fantásticos bosques de Hampstead Heath. Uno de los barrios más exclusivos, con enorme parque asilvestrado, donde te cruzarás con grandes árboles caídos, zorros curiosos, campos de amapolas y tres enormes balsas de aguas separadas para bañistas (ellas / ellos / ellas y ellos = mujeres musulmanas / gays / resto del mundo). La temporada la abren Wimbledon –hierba, reina de reinas- y el Hampton Court Palace celebrando el elegante festival de música de verano del mismo nombre. De postre: Gay Parade, Juegos Olímpicos, Royal Ascot y los 75 de su Majestad. ¡Hacen falta 7 vidas más!

En el otoño, los árboles son los protagonistas indiscutibles del parque inglés: enchúfate unas catiuskas sin complejos y vuelve a patear montañas de hojas multicolor como lo hacías de pequeño. Igualmente, tratad de localizar los Great Trees of London, grandes árboles elegidos por votación popular, que te dejarán boqueabierto.

DIOS ESTÁ EN LAS CASAS Y EN MI CABEZA…

…Y en los cementerios de Londres. Así canta Coldplay en su Cemeteries of London.  Cementerios de sobriedad anglicana, sencillez judía o de romántica pena católica, hacen de sus camposantos lugares de solemne e intimista paseo. 3 años separan el fotogénico Abney  Park Cemetery (en el que Amy Winehouse grabó el clip para su triste Back to black), del polvo del Cementerio Judío de Edgewarebury, cerca de Camden (en el que descansan sus cenizas). De entre los cementerios victorianos, el más famoso es el de Highgate por dos contrapuestos “residentes”, ambos alemanes: uno es Julius Beer, judío de Frankfurt que nació pobre, se hizo rico en la bolsa de Londres y dueño del The Observer. Aún así, la sociedad victoriana nunca le aceptó. Su corte de mangas final fue el mausoleo más grande y caro de la época. El otro, un “tal” Karl Marx. Los cementerios de Bromton y Kensal Green no se quedan atrás. ¿El más grande? En Islington, donde te será fácil perderte entre los muertos. Westminster Abbey y St Paul son como el selecto palco del Bernabéu: sólo entran unos pocos ilustres, como Dickens. Defoe y Blake, en cambio, optaron por los más verdes pastos de Bunhill Fields, también al norte de Londres.

Y recuerda las palabras del gran  Samuel Johnson: “when a man is tired of London, he is tired of Life; for there is in London all that Life can afford”. Keep walking Almighty!

(Artículo publicado originalmente en la Revista Traveller, enero 2012. http://www.traveler.es)

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3 Responses to MIS PARQUES DE LONDRES

  1. Evgenia says:

    Es que lo releo mil veces y sigo fascinada… Me quedan por hacer demasiados viajes a Londres para poder abarcar aquel mundo verde! Gracias, Nuw!

  2. Enepi says:

    Muy buen post. Los parques son la esencia de Londres y lo que la distingue para bien de otras grandes urbes.
    Mencionar dos parques que a mi me gustan mucho y que no he visto en el articulo: Clapham Common y Crystal Palace. Y junto a Regent’s Park, al otro lado del canal, Primrose Hill, uno de los pocos sitios naturales con vistas decentes de Londres.

    Saludos

  3. Antonio Cembranos says:

    Espectacular post!!!!!
    Que maravilla de ciudad.
    Cuanto has disfrutado en tu estancia ahí.
    Fuerte abrazo.

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